Tuesday, May 12, 2009

9. Teoría de Santiago

Cuelgo aquí mis notas sobre la Teoría de Santiago:

Una de las grandes consecuencias de las nuevas teorías sobre la naturaleza de la vida es el rompimiento con la larga herencia cartesiana de la división cuerpo y mente; entre la res cogitans y la res extensa.

 Aunque desde finales del siglo XIX ya existía la clara idea de una relación entre las estructuras cerebrales y las actividades de la mente, todavía en 1994, en publicaciones especializadas se aceptaba que anque todo el mundo sabía que las actividades mentales tenían algo que ver con el cerebro, nadie sabía a ciencia cierta cuál era la naturaleza de esta relación.

 Un gran paso en el entendimeitno de esta relación ha sido el abandonar la tradición cartesiana y no considerar a la mente y a la conciencia como cosas, sino como procesos.

 En 1970 Humberto Maturana y Francisco Varela concentraron los estudios del primero bajo una teoría: La Teoría de Cognición de Santiago, que aborda áreas de la biología, la psicología y la epistemología.

 La principal aportación de la Teoría de Santiago es la identificación del proceso cognitivo, el proceso de “enterarse”, con el proceso de la vida. La cognición, según Maturana y Varela, es la actividad implicada en la auto-generación y la auto-perpetuación de redes de vida. En otras palabras, la cognición es el mero proceso de la vida. La actividad organizativa de los sistemas vivientes, a cualquier nivel, es una actividad mental. La interacción de una organismo viviente – planta o animal – con su entorno, es un proceso cognitivo. La cognición abarca el total proceso de la vida, incluyendo la percepción, la emoción y la conducta.

 En la teoría de Santiago, la cognición está estrechamente vinculada con el concepto de autopoiesis, la auto-generación de sistemas vivientes. La definición característica de un sistema autopoiético es que éste discurre continuos cambios estructurales mientras preserva sus patrones de organización.

 Existen formas en que el sistema cambia su estructura. Uno es un sistema de renovación y el otro de creación de nuevas estructuras. Éste último puede ser el resultado de cambios en el entorno o parte de la dinámica interna del sistema.

 De acuerdo a la teoría de la auotpoiesis negocia con el entorno de forma estructural. Ante cambios en las calidades del entorno, el sistema responde con variaciones estructurales internas. El entorno no  dirige los cambios estructurales de un sistema, sólo los dispara.

 Un sistema vivo cambia sus estructuras internas en respuesta a cambios en su entorno ambiental. Estos cambios alterarán su respuestas o conductas en el futuro; ergo un sistema vivo es un sistema de aprendizaje.

 Podemos encontrar ya implicaciones filosóficas entretejidas en estas suposiciones. La respuesta de los sitemas vivos no está predeterminado por su entorno solamente, sino por su dinámica estructural interna. A través del tiempo, un sistema vivo va generando cambios en su estructura a partir de sus diveras reacciones a su entorno; entonces estructuralmente, cada sistema viviente lleva en sus estructuras su propia historia y es, al mismo tiempo predeterminado y libre.

 Según Maturana y Varela uno no puede dirigir a un sistema vivo; sólo se puede perturbarlo. Un sistema vivo no sólo decide como reaccionar estructuralmente a una perturbación ambiental, sino que también decide a que perturbaciones reacciona; que cambios en su medio decide notar. Los cambios estructurales en un sistema vivo son actos cognitivos. Al especificar que perturbaciones desatan cambios en nuestro sistema estamos especificando la extensión del dominio de nuestro conocimiento; estamos construyendo un mundo.

 La cognición entonces, no es la representación de un mundo que existe de forma independiente; sino la continua creación de un mundo a través del proceso de la vida. El proceso de la vida es un proceso cognitivo.

 La identificación de la cognición y la mente con el proceso de la vida es algo nuevo para la ciencia, pero es una de las principales y más arcaicas intuiciones humanas. En la antigüedad, la mente racional humana era vista sólo como una aspecto del alma inmaterial; del espíritu. La distinción básica no era entre cuerpo y mente, sino entre cuerpo y alma; cuerpo y espíritu.

 En la lengua sánscrita, en la griega y en la latina, el alma y el espíritu están descritos con la metáfora del aliento de vida. Atman, psique y ánima, quieren decir aliento. Si seguimos las ideas propuestas por la Teoría de Santiago, podemos llegar a una misma conclusión. Describir a la cognición como el aliento de vida resulta en una metáfora perfecta.

 La relación entre mente y cerebro es una relación entre proceso y estructura. Pero no sólo el cerebro, sino toda la estructura de un organismo. La Teoría de Santiago es la primera aproximación científica al estudios de la mente y la conciencia que rompe definitivamente con la separación mente y cuerpo. Sólo hay proceso y estructura, y estos están estrechamente vincualdos en el fenómeno de la vida.

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